domingo, 30 de septiembre de 2012

Lobos y corderos.......





LOBOS Y CORDEROS

El valorado ensayista y escritor Ernesto Sábato escribió en uno de sus últimos ensayos (Antes del fin, 1999): “Fracasado el comunismo, se difundió la falacia de que la única alternativa es el neoliberalismo. En realidad, es una afirmación criminal, porque es como si en un mundo en que solo hubiese lobos y corderos nos dijeran: Libertad para todos, y que los lobos se coman a los corderos.”
Desde luego, la relación depredadora, el menosprecio de los muchos como meros medios para los fines de los pocos, viene siendo la tónica social impuesta desde la consolidación de los primeros estados guerreros: el subyugar a los de adentro para explotarlos y el combatir a los de fuera para expoliarlos, ha sido una cruda condición, hasta tiempos muy recientes, de lo que se llama “la civilización”. La historia social está constituida por los avatares de las distintas formas de esa imposición tiránica y por las estrategias e hitos de emancipación de los y las oprimidos por ellas. 
La metáfora aludida tiene una raigambre añeja, pues Thomas Hobbes, teórico del absolutismo político, ya a principios del siglo XVII, acuñó el tópico de que “el hombre es un lobo para el hombre”, como expresión de la supuesta condición, ferozmente egoísta, de la naturaleza humana en el “estado de naturaleza”. Aún así, los seres humanos, por su racionalidad y para superar el desorden y los peligros, a partir de un momento y a través de un contrato, cedieron sus derechos al uso de la fuerza en favor de la República, un Leviatán, un constructo encarnado de todos los ciudadanos, que administraría la ley para todos y sobre todos. 

A partir de ahí y no sin penurias, esa justificación de lo político fabulada en el contrato social, trajo en Occidente durante los siguientes siglos el paulatino y titubeante progreso hacia un estado de derecho cada vez más generalizado, social y democrático, aunque solo fronteras adentro de cada Estado. Pues, a menudo, se olvida que, hasta mediados del siglo XX, Europa, por la pervivencia de los autoritarismos y por las pretensiones expansionistas de sus estados, era uno de los lugares más peligrosos del mundo. Y aún se pretende por los poderes antidemocráticos que vuelvan esas tornas, ahora a escala global. 
No ha pasado el tiempo en balde para deslegitimar en sus fundamentos el autoritarismo depredador y desautorizarlo por sus inhumanos efectos: ya nadie duda de que somos una sola especie, no hay clases de seres humanos, no hay humanos “lobos” y humanos “corderos”; todos y todas llegamos al mundo, y nos vamos de él, ansiando seguridad, buenos cuidados y afectos, consideración y oportunidades para compartir y disfrutar de la vida mientras dure. Pretender lo contrario, imponer lo contrario, es lo que aún anima a las élites privilegiadas del cruento “neoliberalismo”, el último proyecto del parasitismo autoritario. Las desquiciadas minorías que lo detentan, eso sí, parapetadas tras instituciones acondicionadas a su exclusivo provecho y tras peligrosos cuerpos de represión, se pretenden “los lobos”, los nacidos, pese a quien pese, para alimentarse de la carne de los que no son de su estirpe.
Por parte de “los otros”, es muy importante que no cedamos a sus opresiones y manipulaciones, que desechemos el papel de corderos, y que, para desbaratar ese diseño de lo humano que nos trae el embrutecimiento y la ruina generalizados, nos comportemos como lobos con los lobos y como corderos con los corderos, hasta deshacer el ardid.
Y recordemos que Sábato también creía que, abogando por una sociedad fundada en la libertad personal, en la libre asociación cooperativa y en la descentralización del poder político, "A pesar de la catástrofe, hay salvación". Es decir, profundizando en la democracia y la justica social y económica. ¡Que así sea!.



Xavier Aparici Gisbert. Filósofo y Secretario de Redes Ciudadanas de Solidaridad

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