miércoles, 1 de agosto de 2012


Copiado del Blog de Don Carlos Martínez Gorriarán
Este domingo, una de las plumas de respeto del diario El País, Fernando Garea, terminaba su crónica sobre una encuesta de intención de voto que otorgaba a UPyD un ascenso al 9’9% con la siguiente frase lapidaria (o lapidada, según se reciba): “y UPyD llega al 9’9% con la bandera antisistema, es decir, con la búsqueda de los agujeros institucionales”. ¿Es UPyD un partido antisistema? Y, cuestión previa, ¿qué significa hoy en día ser antisistema? Porque hasta ahora se entendía por antisistema la actitud radicalmente contraria -y totalmente irresponsable- al sistema vigente en una sociedad dada, preferentemente democrática –pues sólo en las democracias pueden florecer organizadamente esta clase de cosas-, es decir, la posición compartida por nihilistas, anarquistas y totalitarios de toda laya, desde nazis a maoístas pasando por terroristas variados. Pero el periodista arriba citado, y muchos otros que escriben peor que él y en medios más rudimentarios, han extendido de tal modo el concepto “antisistema” que o bien es ahora un cajón de sastre donde cabe cualquier sospechoso de lo que sea, o bien que, en el esfuerzo titánico por obligar a la realidad a encajar en sus prejuicios, han invertido completamente su valor, al modo tan querido por Nietzsche, de modo que lo de ser antisistema ya no casa con nihilistas, totalitarios y terroristas, sino con un tipo de personas y de ideas completamente diferente. Me da que estamos en lo segundo. Hay muchos precedentes de este tipo de operaciones de giro semántico. Y son muy interesantes.
Uno de mis favoritos es el ocurrido al grupo de artistas, mayoritariamente pintores y franceses del último tercio del siglo XIX, conocidos como “impresionistas”. El impresionismo es hoy en día el estilo de arte moderno probablemente más popular y admirado en el mundo entero, y para mucha gente un buen paisaje impresionista –un Monet, Pissarro o Sisley- es el paradigma del buen gusto y de cierta estética de la calma y la felicidad. Sin embargo, “impresionista” no es el nombre elegido por estos artistas para ser conocido colectivamente, sino un alias paródico y despectivo ideado por los críticos y periodistas de las páginas de cultura de la época a partir de un famoso cuadro de Claude Monet titulado “Impresión de amanecer” (hay varias versiones del título correcto, y la más acertada parece ser la que sostiene que era un cuadro sin título, pero…) En resumidas cuentas, llamar “impresionista” a un pintor en las páginas de un periódico respetable era lo mismo que llamarle anarquista pintamonas o bárbaro destructor del arte, para horror de personas tan conservadoras en otros asuntos como Degas o Manet. ¡Qué cosas!: a los pocos años el mote despectivo se volvió contra sus acuñadores y detractores, hoy completamente olvidados –como casi lo están los que para éstos eran los grandes artistas y muy cotizados pompier, como Bouguereau o Cabanel-, y los impresionistas pasaron a ser considerados poco a poco los avanzados de una nueva sensibilidad típicamente moderna, urbana y cosmopolita. Monet, Renoir y Pissarro vivieron lo suficiente para superar la primera incomprensión feroz y recibir el reconocimiento debido a una especie de héroes nacionales del arte francés un tanto seniles.
Lo que pasó con los impresionistas y el “impresionismo” no es tan raro: de hecho, parece que “cristianos” fue al principio un nombre despectivo para la “secta de los nazarenos”, y lo mismo cabe decir en su tiempo de la transformación de conceptos como “moderno”, “liberal” y “socialista”, de negativo y condenatorio a positivo y constructivo. Pues bien, parece que ese proceso se está repitiendo ante nuestros ojos con el significado político de “antisistema”. Este epíteto va a dejar de motejar a un sujeto más bien violento, o en cualquier caso decidido a la destrucción de lo que hay, para calificar al adversario democrático de un sistema convertido en régimen de partidos parasitario del sistema que dice defender, pero en realidad destruye. Porque si UPyD, su manifiesto, su programa y su modo de hacer política son “antisistema”, se puede deducir que ser antisistema significa, al menos
1 – Tomar en serio principios como la igualdad ante la ley, la separación de poderes y la independencia de la justicia. Si crees que son valores irrenunciables, en la España de 2012 ya eresantisistema.
2 – Creer que nadie debe estar a salvo de la responsabilidad de sus actos por pertenecer a una casta de elegidos, sea política, financiera o mediática (y a menudo las tres cosas). Ni siquiera aunque arruine, por despiste, la mitad del sistema financiero del país y luego al país entero. Si piensas así, eres antisistema.
3 – Considerar que nadie puede tener privilegios, ni tampoco ser discriminado, por haber nacido aquí o allá o en esta o aquella familia. No hay “derechos históricos” ni grupitos intocables. Si estás de acuerdo con esto, eres antisistema.
4 – Pensar que la libertad personal sólo está limitada por lo que las leyes democráticas prohíban expresamente, sin que las creencias de otros o sus conveniencias puedan cambiar este principio. En tal caso, también eres antisistema.
5 – Sostener que el significado de una ley básica, como la Constitución, no depende de la coyuntura o de a quiénes afecte, sino que está por encima de esas contingencias y existe para prevenirlas. Es un claro signo de antisistema.
6 – Partir del principio de que si las cosas van mal y salen mal seguramente es porque se han hecho mal, y no sólo por mala suerte o enemistad de la providencia, de modo que si un grupo de gestores fracasa debe dejar paso a gente nueva y no seguir como si nada. Totalmente antisistema.
7 – Creer que la responsabilidad personal de los que gobiernan está vinculada directamente a las consecuencias de sus acciones, y no a sus sentimientos o sus admirables intenciones siempre irrealizables. Típico de un antisistema.
8 – Sostener que la misión del lenguaje es comunicar, informar y comprometer en vez de lo contrario, de modo que la política está al servicio de la palabra dada y no al revés. Y que el periodismo debe ser independiente o es ilegítimo. Muy antisistema.
9 – Pensar que una política ajena a la veracidad, los hechos y el sentido de realidad y el compromiso no puede ser democrática porque se apoya en la mentira, la ignorancia y la traición, incompatibles con el Estado de derecho y por tanto con la libertad y la igualdad. Gravemente antisistema.
10 – Si crees que el mal consentido es tan malo o a veces peor que hacer el mal activamente, y que todo ciudadano consciente de serlo debe comprometerse no sólo a criticar lo que está o se hace mal, sino a tratar de hacerlo mejor, eres perdida y desdichadamente antisistema.
Basta con compartir al menos la mitad de los enunciados anteriores para considerarse parte del temible y vapuleado colectivo de los nuevos antisistema. Así están las cosas. Formar parte del mismo no implica grandes recompensas, y sí molestias aseguradas. Tampoco se entra a formar parte de este elenco de modo fulminante, sino atravesando una graduación de términos descalificadores como demagogo, populista, jacobino y otros menos usuales. Pero no se preocupe si le está ocurriendo: es porque dice cosas interesantes que preocupan a los inmovilistas. El futuro no lo escriben ni lo hacen los que pergeñan estúpidas descalificaciones contra lo que temen, desprecian o no entienden, sino de los que se arriesgan a luchar por sus convicciones. En eso estamos. Únase, es muy bueno ser de esta clase de “antisistema”. Acabamos ganando.
 

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